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MOVIMIENTO DE RECONQUISTA HISPÁNICA
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EL ANTÍDOTO

(contra la descristianización por la europeización):

¡LA HISPANIDAD!

"Yo he nacido en esos llanos

de la estepa castellana

donde había unos cristianos

que vivían como hermanos

en república cristiana

Me enseñaron a rezar

y me enseñaron a amar

y, como amar es sufrir,

también aprendí a llorar

Cuando esa fecha caía

sobre los pobres lugares

la vida se entristecía,

cerrábanse los hogares

y el viejo templo se abría..."

Así empieza "La pedrada" de Gabriel y Galán, que concluye con esta pregunta tan oportuna en estos momentos:

"Somos los hombres de hoy,

aquellos niños de ayer"?

Los "niños de la guerra", tuvimos una gran suerte. Vivimos una época de fe. De fe auténtica. Y vivimos unas experiencias únicas e imborrables.Tenía ocho años recién cumplidos cuando un domingo, mientras jugábamos en la calle, alguien nos vino a decir "¡Ha estallado la guerra!". Lo recuerdo como si fuera ayer aunque no entendí su significado... Lo comprendería luego.

Me habían enviado, quince días antes, el 3 de julio de 1936, a pasar las vacaciones en Santander. Se alargarían hasta el 26 de agosto de 1937, en que fuimos liberados del terror rojo. Catorce meses. Los rojos en Santander convirtieron la ciudad, mayoritariamente de derechas, en la ciudad con más asesinados en proporción a sus habitantes (y mi familia, palentina, era falangista). Por algo la capital de la Montaña sigue teniendo una plaza del Generalísimo y conserva la placa en recuerdo de los arrojados al mar desde el Faro.

De regreso al pueblo, vivo la guerra de otro modo; entre Te Déums de acción de gracias (cuando caían las ciudades en manos del Ejército Nacional), entre rosarios, bendiciones con el Santísimo, olor a incienso y misas por los caídos. (Por cierto, saliendo del rosario una tarde-noche de 1938 o de 1939, vivimos aquella impresionante e inolvidable "aurora boreal" que, en Castilla, se contempló a la perfección).

Hoy, yo no debería estar aquí sino en Roma pues mañana canonizan al beato Marcelino Champagnat, fundador de los Hermanos Maristas. A principios de año anunciaron el acontecimiento y decidí asistir. Pero el hombre propone y Dios dispone. Unas semanas después me llama el amigo Jaime Serrano para decirme, en nombre del P. Dallo, si podía hablar en estas Jornadas. Y no dudé en sacrificar el viaje que tanta ilusión me hacía porque sé que el nuevo santo aprobará y bendecirá el que, entre asistir a su canonización o colaborar a la defensa de los derechos sociales de Cristo Rey, haya elegido lo segundo.

El P. Champagnat fue un hombre elegido por Dios para contrarrestar los efectos de la Revolución Francesa. La Revolución francesa es la culpable de que, hoy, todos nosotros nos veamos en la necesidad de enfrentarnos a la descristianización de España por la europeización.

Nació en 1789, el 20 de mayo. O sea, quince días después de la convocatoria de los Estados Generales y dos meses antes del Asalto a la Bastilla con cuya toma se inicia la Revolución Francesa. Desde muy niño, desde que puede recordar algo, ya oye en su casa a sus padres, hablar de la "Revolución" como de algo odioso y espantoso y, él se la imagina como un monstruo. Luego, ya sacerdote, conociendo mejor a esa bestia, decidirá dedicar toda su vida a luchar contra los efectos que en Francia había producido la Revolución. Y funda una Congregación de Hermanos (les "Petits Frères de Marie") dedicados a la Enseñanza y les marca un objetivo principal: formar cristianos auténticos, de fe ilustrada que, --según él--, es el modo más eficaz de combatir contra esa nefasta Revolución. Yo tuve la suerte de tener como educadores a unos santos religiosos de su Congregación, verdaderos forjadores de cristianos, que me marcaron para siempre.

El P. Champagnat fue compañero de seminario de San Juan María Vianey, (el Cura de Ars) y formaría parte de esa pléyade de grandes fundadores, apóstoles, auténticos santos, que produjo Francia en el siglo XIX, como reacción contra ese engendro divinizado por los Hijos de Satanás, madre de las Democracias Partitocráticas que es la Revolución Francesa, hija, a su vez, de ese Poder Supremo sin rostro, secreto, que san Juan, en el Apocalipsis, llama la Sinagoga de Satanás, del que las logias masónicas no son más que una de sus terminales. No hay la menor duda de que la Revolución francesa se gestó, se organizo y se dirigió desde las cavernas de la francmasonería y fue el inicio de la batalla final contra la Iglesia en Europa.

Cumplo una obligación de gratitud personal rindiendo este homenaje al nuevo Santo puesto que le debo el haberme alistado desde la juventud en el Ejército de los que luchan por el Reinado de Cristo en el Mundo y haber adquirido una formación sólida (religiosa, humana, profesional y patriótica). Sin ella probablemente, yo estaría formando parte del inmenso ejército de los necios que no saben qué pintan en esta vida.

Y, ahora les pediría me acompañasen en el rezo de una oración brevísima que incluyo cada día en las peticiones de la Comunión desde hace más de medio siglo: "¡Te pido por España! No permitas que sea destruida la nación que más ha hecho por la expansión de tu Reino en la Tierra. Ayúdale a vencer a sus enemigos, que son los tuyos, ¡Señor!"

Entremos, ya, en materia.

El título de esta charla, de por sí, lo dice todo y expresa mi pensamiento: "El antídoto (contra ese veneno de la descristianización por la Europeización) se encuentra en la Hispanidad".

Hoy, europeizarse es descristianizarse. Pero hace doscientos años o mejor aun mil doscientos, no era así. Por el contrario, el mundo le debe a Europa haber sido la difusora de la doctrina de Cristo en el Mundo. Y muy especialmente, claro está, a esa parte de Europa llamada España.

Ahora que están de moda las "imágenes virtuales", cojamos una de esas naves que recorren el espacio y el tiempo a velocidades de vértigo y demos una vuelta por Europa y por la Historia...

Veamos esas decenas de miles de ciudades y pueblos europeos (cien mil más o menos), y todos a la sombra de hermosas iglesias o catedrales que presidían y cobijaban la vida de sus habitantes y daban sentido a su muerte.

Recorramos, igualmente los primeros siglos de la era cristiana que se inicia con los apóstoles y sus discípulos recorriendo el mundo gracias a las calzadas con las que Roma ha unido los pueblos de su Imperio. Gracias a ellas la Fe se adueña de Europa. Y Constantino inaugura el milenio del triunfo del Catolicismo sobre el paganismo. Vemos luego como, tras la caída del Imperio Romano, los pueblos bárbaros que lo destruyen, engendran nuevas naciones y todas ellas católicas.

Los benedictinos serán los padres de esa nueva Europa que tiene cuerpo y alma. Por algo el Poder Supremo sin rostro,-- promotor de la II Guerra Mundial-- ordenó destruir, aniquilar, pulverizar el monasterio de Monte Casino, planeando una de las mayores salvajadas aliadas de la II Guerra Mundial.

Durante mil años la Cruz Cristo preside todo en el Viejo Continente. Europa es el mejor testimonio del Reinado de Cristo sobre la Tierra.

Pero... ni Satanás, ni los hijos de Satanás duermen. Desde el momento de la sentencia contra Adán y Eva, se inicia la Historia y con ella la Ley que la rige. Y esa ley no es otra que "La guerra a muerte entre las dos Ciudades: entre la Civitas Dei y la Civitas Terrae". Esa ley rige siempre. Rige hoy. Y regirá hasta que oigamos la sentencia definitiva: "Id malditos.... al fuego eterno".

Estamos reunidos en esta sala lo que se dice cuatro gatos (y perdonen la expresión), y, además muchos ya pasaditos de años, cuando deberíamos llenar los estadios, llevar las riendas de la política y rebosar de juventud.

¿Por qué vivimos, hoy en España, como si hubiéramos perdido la guerra en 1939?

-- Pues, porque los "vencedores de la Cruzada", ignorando la ley de la Historia, olvidaron pronto cuál era su misión tras la Victoria. Y, en vez de permanecer en guardia y en alerta permanente y en la línea de la FE que nos habían trazado los héroes y los mártires se apoltronaron y dejaron que el enemigo destruyera el baluarte desde dentro.

La destrucción de España y del Catolicismo español ha pasado, previamente, por la neutralización de la Cruzada y el aniquilamiento del Régimen nacido de la misma.

Los culpables de la situación han sabido vestir de "transición maravillosa" y que quienes la padecen han aceptado gustosos. El hombre de hoy no está para pensar, analizar, ni buscar soluciones sino que vive simplemente para aturdirse, disfrutar de la vida y no complicársela con trascendencias de ninguna clase. Le encantan las delicias de Capua, no quiere la lucha sino vivir tranquilo. E imitando a los gorrinos pasarse la vida con los ojos fijos en el suelo, lo que es una actitud propia de los pueblos en absoluta decadencia y a punto de desaparecer.

La eliminación de España es un objetivo clave en la Lucha de Satanás contra Dios y su Iglesia. Triturar a España y la Hispanidad es prioritario y fundamental para acabar con el Catolicismo. La volatilización de la fe en América a través de las sectas financiadas desde los Estados Unidos es algo terrible que no parece preocupar demasiado a los responsables. ¡Es mucho más vital la defensa de la Democracia, de la libertad, acabar con las dictaduras de derechas y condenar a Pinochet!

El mejor aliado para la consecución de sus objetivos que han tenido los Hijos de Satanás ha sido la nefasta Jerarquía eclesiástica obra del nuncio Dardaglio, dirías que al servicio de los poderosos tentáculos del Poder Supremo sin rostro en Roma.

Es imposible valorar el daño han hecho a España y al Catolicismo, irreparables probablemente. Se ha sustituido la norma de Jesús "Sea vuestro lenguaje, sí, sí, no, no, porque todo lo que pasa de ahí viene del Maligno" por otro estilo. Hoy se habla y se escribe para que nadie entienda o para que tenga todas las "lecturas" que convengan. Él hablaba así: "El que no está conmigo está contra mí...." "No he venido a traer la paz, sino la guerra..." "Sepulcros blanqueados..." "Mi casa es casa de oración y la habéis convertido en cuevas de ladrones..." No admite relecturas ni interpretaciones.

Nos han sustituido la solidez de los dogmas y del decálogo por el "diálogo". No fue por casualidad que son Intrépida, ex-ministro de Franco y ex-embajador en el Vaticano, lanzó al mundo sus "Cuadernos para el diálogo" cuando la Iglesia empezó su autodemolición. Se ganó el ser un insigne asesor del Vaticano II y estuvo a punto de conseguir la canonización del Marxismo.

Hoy, todo se soluciona con el "Diálogo". Vivimos en la Iglesia Dialogante. empeñada en dialogar con el mundo y si es preciso con el propio Satanás pero se fulmina sin contemplaciones a los llamados integristas que piden fe. ¡Fe no diálogo! Y es que, al parecer, el integrismo lefebvrista es el Único peligro serio que amenaza a la Iglesia.

La Iglesia postconciliar ha olvidado el Génesis y que la primera gran victoria de Satanás contra el hombre, la consiguió "dialogando" con Eva. Desde entonces, la fórmula no falla y sabe muy bien cómo se destruye la obra de Dios.

A nosotros nos enseñaron (y lo aprendimos bien) que Cristo fundó una Iglesia para enseñar... no para dialogar. "Id y predicad... el que creyere y se bautizare se salvará". Porque fuera de la Iglesia, (aunque un ángel o un papa, diga lo contrario) no hay salvación posible. Sólo hay una Iglesia verdadera. Y el Ecumenismo sólo es posible si los herejes y los cismáticos renuncian al error y vuelven a la verdad del Catolicismo, no aceptando la Iglesia los errores como verdades...

Por todo lo anterior y muchas otras razones, Si ante la descristianización, propongo la Hispanidad como antídoto contra la destrucción de la fe de nuestro pueblo y la aniquilación de las estructuras cristianas (mediante la europeización). No es por hacer literatura, o hablar por hablar sino porque, a mi entender, es un camino probado, de frutos buenos y sabidos.

En estos momento de sincretismo y eunucoidismo religioso la Hispanidad es una sinfonía perfecta de fe cristiana católica y de virilidad recia y auténtica. ¡La fe íntegra y tradicional, la fe de Trento, la fe santamente intolerante de los santos de nuestra Edad de Oro! Lo fue entonces y debe continuar si verdaderamente queremos frenar la descristianización.

Nada resume y representa mejor la Hispanidad que ese abrazo, esa especie de fusión, del el fraile y el soldado enarbolando la cruz, el libro y la espada, y cuyo fruto será la conquista de continentes para Cristo y para España y que, de paso, engendra el mayor Imperio conocido. El único que realmente ha "construido" con solidez de eternidad por lo que se ha hecho merecedor de todo el odio de Satanás y de sus hijos, que, hoy, dueños de todos los medios de comunicación y del oro del mundo, del poder mediático y del económico obran en consecuencia...

Frente a este Goliat, la Hispanidad es el único David capaz de frenarle. Es lo que sostengo y proclamo desde hace décadas. Hasta que España e Hispanoamérica no planten cara a la influencia del Sionismo en la Iglesia, serán malos tiempos para la Fe.

¿Qué es la Hispanidad?

Definir un concepto no es fácil. Da lugar a infinidad de discusiones. Obviaremos ese inconveniente reemplazando la definición con explicaciones sobre su naturaleza, génesis e historia.

Ante todo, la Hispanidad no es un sueño literario, ni una elucubración de mentes calenturientas dedicadas a especular con las ideas. La Hispanidad es una realidad enraizada en la Historia de la Humanidad y en la mismísima Teología y entronca con los proyectos de la divina Providencia. La Hispanidad es un cuerpo de Ejército de la Ciudad de Dios.

Un joven genio de la visión hispánica de la existencia y de la política auténtica, asesinado en Alicante un veinte de noviembre (1936), nos legó esta verdad incuestionable:

"ser español es una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo"

que basta para liberar de complejos. José Antonio, guiado por su intuición de pensador genial, entendió, como pocas, la misión del español y de lo hispano sobre la tierra. Sabía lo que España había sido para la Humanidad y que, ni Grecia ni Roma, ni ningún imperio antiguo o moderno, hicieron por el género humano lo que nuestra Patria. Lo mismo cabría decir sobre "el ser hispanoamericano" que participa de la esencia española.

Y es que, ciertamente, como escribió alguien. "después de la Creación del mundo y de la Encarnación del Hijo de Dios y de la Redención, no ha habido acontecimiento más importante para la Humanidad que el 12 de octubre de 1492". Nada que haya tenido la trascendencia que la Obra civilizadora de España que le siguió.

La Hispanidad tampoco nació en este siglo. Vino al mundo el 12 de octubre de 1492 y se gestó a lo largo de ocho siglos. Pero la primera piedra de la Hispanidad la pone nuestra Madre y Madre de Dios, el día que le promete a Santiago que le irá a ver a España, en la ciudad donde más conversiones logre. Cumple su promesa y, un dos de enero (¿año 40?) se presenta aquí, en Zaragoza, en carne mortal o sea, antes de su Asunción al Cielo, dejándonos el Pilar, en prenda de que, en España, nunca le faltarán a su Hijo adoradores fieles.

¡No es de fe!, pero los buenos españoles sabemos que fue así. La Historia nos apoya y los hechos confirman la Tradición.

Para entender la Hispanidad y todo lo que se mueve en su entorno, es preciso repasar la Historia del Pueblo elegido.

La, Historia tiene una ley, una ley inevitable, que la rige: "La guerra a muerte entre las dos ciudades entre la Civitas Dei y la Civitas Terrae". Ley que lo explica todo. La política y cuanto tiene relación con el hombre como ser libre y racional. Ignorarla es no entender nada. La Hispanidad, sin esta base, no tiene sentido, como tampoco lo tiene el Alzamiento Nacional, ni el Régimen a que dio origen.

En los Libros Sagrados, está la clave de la Historia de la Humanidad. Abraham, es elegido para Padre de un gran Pueblo. De él nacerá el Mesías, el Redentor. Pero para desgracia de ese pueblo, cuando el Mesías viene al Mundo, no le reconoce. Peor aun, le hace morir en cruz. El discípulo Amado, hijo de ese pueblo, nos lo resume magistralmente; "Vino a los suyos y los suyos no le recibieron".

Y Dios lo abandona, lo deshecha. Aunque ellos no quieran admitirlo.

Impresiona ver en el Evangelio, como Jesús intenta inútilmente evitar el drama. Y no le quedará más remedio que anunciar el fin espantoso de Jerusalén por su ceguera y empecinamiento,.

Un judío excepcional, que ha amado a ese pueblo y a su religión como nadie, a quien Jesús tiene que derribarlo en el camino de Damasco para que abra los ojos, nos aclara en sus epístolas el drama del pueblo elegido y da fe de la trágica realidad de su reprobación. Reta al Sanedrín, no se doblega jamás ante sus compatriotas (que se han propuesto eliminarlo de la faz de la tierra), y tampoco le asustan las persecuciones a muerte a que le someten. Él, Saulo de Tarso, deja constancia con machacona insistencia de que es judío pero que su pueblo ha sido reprobado.

La realidad indiscutible es ésta:

Desde la crucifixión de Jesús hasta nuestros días, el que fuera pueblo elegido se convierte en el gran enemigo de su obra , de la Iglesia por el fundada y, consecuentemente de las naciones cristianas por haber reconocido el reinado social de Jesucristo. Y distingue a España y a la Hispanidad con odio muy especial e inconfundible en atención a los servicios prestados por nuestra Patria a la propagación y defensa de la Fe Católica.

Sin duda todo se debe, a la elección que María hizo en vida de otro pueblo para defensor de la Iglesia fundada por su divino Hijo y para promotor de su reinado social a lo largo y ancho del mundo. ¡Ese pueblo fue España![1]

Para asumir lo que es la Hispanidad es imprescindible entender lo que fue la Conquista y Colonización de América. Comprender lo que fue el Imperio español.

El slogan (tan criticado y combatido despectivamente) por los servidores del Poder Supremo sin rostro: "¡España es diferente![2]" es una de las grandes verdades de la Historia, de la Política y de la Sociología y no fue por casualidad que España descubrió el Nuevo Mundo y dio una lección a los pueblos civilizados sobre lo que es conquistar, colonizar, civilizar y cristianizar.

España alcanzó la cima del poder político, militar y cultural porque vivía una plenitud total y estaba preparada para semejante misión. ¡Ocho siglos de Reconquista la habían puesto a punto para acometer la hazaña!

.

Por otra parte (y esto fue un factor clave) una reina santa, Isabel de Castilla, había impuesto a Roma la reforma de la Iglesia española adelantándose casi un siglo al concilio de Trento. La fortaleza de su fe, la convertiría en alma de la Contrarreforma y luz del Concilio de Trento.

Isabel había logrado que casi todos los obispos españoles fueran religiosos regulares de virtud probada. Las órdenes religiosas y, sobre todo, los dominicos impulsaron el estudio y la ciencia; y los monarcas fueron los motores de la modernidad y de las artes.

España poseía una fe combativa, no durmiente. Su pueblo era capaz de dar la vida por ella. La fe era para el pueblo español el don más preciado. Era, ¡la "santa Fe"!. Los Reyes Católicos bautizaron con ese nombre su campamento de Granada.

Por supuesto los españoles no eran unos santos de canonizar. Pecaban y , quizás mucho, pero no renegaban de su fe y tenían las ideas claras. Esa fe les dejaba siempre el camino expedito para la conversión, el arrepentimiento sincero y la penitencia reparadora. ¡Tenían el "celo por la fe"!. Sin ella no se explica la conquista de América, ni el brío de los conquistadores, ni sus audacias, ni sus locuras, como la que provocó la "noche triste" que pudo haber sido el fin de Cortés y de sus hombres.

España estaba preparada intelectual, moral y espiritualmente. y que las universidades españolas, Salamanca sobre todo (que había desbancado a la Sorbona por la altura de sus pensadores y de su docencia) había preparado a toda una generación de hombres de miras altas.

La conquista española (y la Hispanidad que de ella nace) está plasmada, esculpida con precisión magistral en el monje (sacerdote, predicador, maestro o catedrático) y el soldado. En la cruz, el libro y la espada. La civilización española está perfectamente explicada con solo contemplar el nacimiento de los pueblos que los conquistadores van sembrando a lo largo, ancho y profundo de todo el territorio conquistado (sí, también a lo profundo, pues los españoles no se quedan en las costas, penetran en los continentes) : Me estoy refiriendo a la "Plaza mayor". Plazas al estilo de Castilla (puesto que fue Castilla quien conquistó América para España).

La plaza mayor es uno de los monumentos a la Hispanidad. Cada pueblo que nace lo hace a partir de una plaza mayor, en uno de cuyos lados se yergue, protectora, la Iglesia parroquial y, en el otro, el Concejo.

Porque la conquista española se fundamenta sobre dos pilares sólidos e inamovibles:

1) la fe en Cristo y

2) el sentido de la organización social basado en la justicia y en la libertad auténticas (las que ofrecen las constituciones democráticas, liberales sino la libertad y la justicia que se apoyan en la verdad y en el bien común que son realidades de siempre, viejas ya, cuando inventaron eso de la democracia partitocrática, al servicio de la masonería).

América nace con España. Antes no existía. Hispanoamérica nace católica y mariana. Y por ello se convierte en lo que se ha llamado el "Continente de la Esperanza" o en "la reserva espiritual del mundo" (¡chistes aparte).

España creó en Hispanoamérica treinta y dos universidades. La primera, la de Santo Domingo, la erigió Carlos V en 1538. Y las dos siguientes, la de Lima y Méjico, en 1551. O sea, treinta años después de la conquista por Hernán Cortés. La primera Universidad de las "Trece Colonias", la de Harvard es de 1636. Un siglo posterior.

A los grandes monarcas españoles del descubrimiento y la conquista (Isabel, Fernando, Carlos V) lo que les preocupa, por encima de todo, es (además de su evangelización) la educación, formación y civilización de sus nuevos ciudadanos, los indios.

Carlos V, nada más conquistar Méjico, envía "doce apóstoles", doce sabios misioneros franciscanos que Cortés pone en contacto con los "caciques" y sacerdotes aztecas. Lo que dará origen a los admirables "Coloquios" donde una y otra vez, con toda paciencia exponen, discuten, aclaran dudas, refutan errores, para conducirlos a la verdad por la convicción, sin forzar nada. Estos "Coloquios" se consignaron en castellano y náhualt. Lo hicieron los propios indios, ya letrados, del colegio Santa Cruz de Tlatelolco, creado en 1536. (¡Quince años después de la conquista...!)

Estamos reunidos con un objetivo maravilloso. Pero me van a permitir en atención a mis años (70) y a mis años cincuenta y cuatro años de lucha ininterrumpida, desde los 17, un comentario un tanto crudo. Al principio de los años sesenta, (hace 40 años) yo era uno de los colaboradores del P. Piulachs en las "semanas antimaterialistas". De dos en dos los seglares hablábamos en las parroquias de los pueblos de Barcelona durante una semana.

. Mi tema era "Yo he vivido la tragedia cubana" y hablaba sobre la obligación que teníamos los católicos de "despertar", de abrir los ojos, de organizarnos, e impedir la entrega de los pueblos al marxismo, "sin combatir", estúpidamente... Citaba la frase de León XIII "La cobardía de los buenos, fomenta la audacia de los malos"... Rogaba, a los presentes, me permitieran la osadía de completar la frase del Papa, con este añadido mío: "Y el sueño y la desorganización de los buenos, deja el campo libre a sus enemigos". Cuarenta años han pasado y han servido para confirmar lo que entonces sostenía.

La entrega de la Cruzada y la destrucción del Régimen es la realización perfecta de lo que me hubiera gustado evitar despertando a los españoles. "Nuestra gente duerme, y es incapaz de entender lo que es la organización". Medio siglo llevo de lucha inútil. Pero seguiré hasta que me fallen las fuerzas.

Convénzanse de una cosa, si no cambiamos, la guerra la tenemos perdida.

Mientras los hijos de Satanás cuentan con una organización que yo diría es casi perfecta, (son dos mil años en una misma línea de organización secreta y perfeccionada constantemente, aprendiendo de los errores) nosotros creemos en la guerra de guerrillas y cada cual por su lado. Y la perfecta organización que era la Iglesia Católica, los hijos de Satanás, penetrando dentro de la propia Iglesia, la han desmontando perfectísimamente a partir del Vaticano II.

León XIII y san Pío X lo vieron venir con vista de águilas e intentaron impedir que la demolición de la Iglesia desde dentro, pero el asalto al baluarte fue llevado con inteligencia luciferina y han desmotando todos los fortines que durante hicieron de la Iglesia (a parte de creación divina) una organización humanamente casi perfecta.

La situación es negra como la boca de lobo. porque España está en estado de coma. Ojalá no sea irreversible aunque si nos atenemos a los síntomas se halla en estado terminal tanto política como religiosamente. Es evidente que nuestra fortaleza está en el Señor, pero Él nos ha enseñado su modo de actuar. (Nisi Dominus aedificáverit domum... Nisi Dóminus custodiérit civitatem...) Pero, al mismo tiempo siempre exige la "gota de agua" que añadir al cáliz de su sangre... es decir la parte imprescindible de nuestra colaboración. Para derrotar a los amalecitas, prescindió de la casi totalidad de los reclutados para la guerra, pero se reservó los "trescientos de Gedeón".

Es su fórmula: creer y confiar en Él, pero toda nuestra inteligencia y esfuerzo a su servicio.

Ahora bien vamos a ser realistas. Sería facilísimo frenar a los enemigos si contáramos con los instrumentos y el dinero necesario, pero carecemos de las armas modernas, es decir de la prensa, la radio, la televisión el cine, las editoriales, las organizaciones juveniles, la educación, las iglesias , los seminarios. Hemos perdido todo. Todo lo hemos entregado mientras dormíamos: Todo lo que Franco puso en manos de la Iglesia, se ha regalado a Satanás: la prensa, la radio, las editoriales, la BAC, etc. o nos las hemos dejado arrebatar. Debemos partir de cero prácticamente, de pequeños reductos que no se han rendido y que deben ser la nueva Covadonga

La Hispanidad, es decir esa fuerza convertida en 20 naciones católicas que se expresan en Español (para rabia de un puñado de renegados vascos y catalanes), ha dejado en cada español y en cada hispanoamericano un poso de potencia incalculable si la sabemos explotar, y poner en circulación.

Eso es lo que intento promocionando la "Peñas de la Hispanidad", con escasísimo éxito. O no me sé explicar o no me entienden. Ahora bien y sigo el consejo de una frase clásica del querido e inolvidable maestro de amor a Dios y a España, el P. Piulachs que nos decía "No olvidéis que la piedra se rompe siempre al último golpe..." Y no crean que sea una perogrullada. Y es que la gran mayoría se para en el penúltimo... y no raja la piedra.

Dos conclusiones:

Primera: A España y a la Hispanidad (como en otras ocasiones: en Covadonga, en la guerra contra el invasor napoleónico, en el Alzamiento Nacional en 1936 contra el marxismo, la masonería, el liberalismo y el sionismo internacional...) sólo las sabrán defender y salvar el pueblo, no sus reyes, ni sus gobernantes, ni sus políticos. Exclusivamente lo hará el pueblo, el pueblo auténtico y llano (español e hispanoamericano)

Segunda: Semejante reacción (es decir "la nueva Reconquista") es más fácil que se produzca ahora del otro lado del Atlántico donde aun hay hispanos que creen en la Hispanidad y donde la putrefacción de los políticos no ha llegado al extremo alcanzado por los peninsulares. Existen aun en Ultramar naciones donde todavía los medios de comunicación no han llegado a la absoluta degradación de los españoles ni se han convertido en escuela nauseabunda de la desintegración moral de la nación como en España, gracias a Su Majestad, a Suárez y a nuestros políticos democráticos, "católicos y progres". Todavía la gente de Hispanoamérica cree en aquello que el noventa y cinco por ciento de los españoles ya no cree: en Dios, y en la Patria.

Sus proezas no admiten parangón con las de ningún otro pueblo. Ocho siglos de Reconquista (con el único fin de que la media luna dejara el puesto a la cruz), la derrota del poder otomano en Lepanto, el frenazo a la expansión del luteranismo en Europa (el haber impedido su penetración en la Península ibérica), el Concilio de Trento, (al que España contribuyó en forma decisiva) y, el haber puesto a los pies de Cristo ese florón de veinte naciones católicas (que, quinientos años después siguen siendo la gran reserva del Cristianismo en el mundo), son algo más que un decir, son una demostración de una tesis. Por algo dijo Maeztu "llevan nombres españoles la mitad de las tierras del globo". Nombres muy queridos del católico español..

España, América, Filipinas son la "tierra de María Santísima". Iglesias, basílicas, capillas, ermitas por decenas y decenas de millar, cubren toda la tierra que fue el Imperio español.. A lo largo de los siglos, defender y propagar la devoción a María fue una cuestión de honor para todo caballero español. La Madre de Dios, correspondió siempre. A veces, en forma milagrosa, como en el cerro del Tepeyac donde a penas diez años después de la llegada de los españoles a Méjico, se le aparece al indio Juan Diego, le deja su imagen milagrosamente grabada en su tilma (con una técnica inexplicable aun hoy en día con todos los adelantos de la ciencia) le habla en castellano, le da instrucciones precisas... y se la llena de "rosas de Castilla".

1 [1]

España es diferente pues su forma de actuar no se parece en nada al resto de las naciones. Tampoco el proceder de éstas con España se ajusta al patrón normal. No disponemos de tiempo para probarlo pero, repasen ustedes mismos la Historia reciente, la que la mayoría de ustedes ha vivido:

La Cruzada, la Victoria, el cerco y bloqueo internacional contra nuestra Patria, la exclusión del Plan Marshall del qué se beneficiaron la Alemania de los nazis y la Italia de los fascistas, sus enemigos mortales y vencidos. En cambio a la España neutral e invicta, que salvó a Europa del marxismo y que posibilitó la victoria aliada con su neutralidad, fue el blanco elegido por el Poder Supremo sin rostro para sus ataques. Los vencedores perdonaron a los alemanes (nazis), absolvieron a los italianos (fascistas), olvidaron los genocidios marxistas (cien millones de asesinatos a manos de los rojos en el mundo) pero el Poder Supremo sin rostro forzó a los gobiernos occidentales aliados a proceder con tal indignidad contra nuestro pueblo que, cuando en los siglos futuros, se abra paso la verdad en la Historia y se juzgue tal conducta se quedarán atónitos de la miseria moral del resto de las naciones..

España es diferente porque su obra cristianizadora y civilizadora en América no tiene nada comparable con las conquistas y colonizaciones anglosajonas. Les aconsejo que lean mi conferencia sobre la Hispanidad, donde toco este punto.

1 [1]

Sus proezas no admiten parangón con las de ningún otro pueblo. Ocho siglos de Reconquista (con el único fin de que la media luna dejara el puesto a la cruz), la derrota del poder otomano en Lepanto, el frenazo a la expansión del luteranismo en Europa (el haber impedido su penetración en la Península ibérica), el Concilio de Trento, (al que España contribuyó en forma decisiva) y, el haber puesto a los pies de Cristo ese florón de veinte naciones católicas (que, quinientos años después siguen siendo la gran reserva del Cristianismo en el mundo), son algo más que un decir, son una demostración de una tesis. Por algo dijo Maeztu "llevan nombres españoles la mitad de las tierras del globo". Nombres muy queridos del católico español..

España, América, Filipinas son la "tierra de María Santísima". Iglesias, basílicas, capillas, ermitas por decenas y decenas de millar, cubren toda la tierra que fue el Imperio español.. A lo largo de los siglos, defender y propagar la devoción a María fue una cuestión de honor para todo caballero español. La Madre de Dios, correspondió siempre. A veces, en forma milagrosa, como en el cerro del Tepeyac donde a penas diez años después de la llegada de los españoles a Méjico, se le aparece al indio Juan Diego, le deja su imagen milagrosamente grabada en su tilma (con una técnica inexplicable aun hoy en día con todos los adelantos de la ciencia) le habla en castellano, le da instrucciones precisas... y se la llena de "rosas de Castilla".

1 [2]

España es diferente pues su forma de actuar no se parece en nada al resto de las naciones. Tampoco el proceder de éstas con España se ajusta al patrón normal. No disponemos de tiempo para probarlo pero, repasen ustedes mismos la Historia reciente, la que la mayoría de ustedes ha vivido:

La Cruzada, la Victoria, el cerco y bloqueo internacional contra nuestra Patria, la exclusión del Plan Marshall del qué se beneficiaron la Alemania de los nazis y la Italia de los fascistas, sus enemigos mortales y vencidos. En cambio a la España neutral e invicta, que salvó a Europa del marxismo y que posibilitó la victoria aliada con su neutralidad, fue el blanco elegido por el Poder Supremo sin rostro para sus ataques. Los vencedores perdonaron a los alemanes (nazis), absolvieron a los italianos (fascistas), olvidaron los genocidios marxistas (cien millones de asesinatos a manos de los rojos en el mundo) pero el Poder Supremo sin rostro forzó a los gobiernos occidentales aliados a proceder con tal indignidad contra nuestro pueblo que, cuando en los siglos futuros, se abra paso la verdad en la Historia y se juzgue tal conducta se quedarán atónitos de la miseria moral del resto de las naciones..

España es diferente porque su obra cristianizadora y civilizadora en América no tiene nada comparable con las conquistas y colonizaciones anglosajonas. Les aconsejo que lean mi conferencia sobre la Hispanidad, donde toco este punto.

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