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CONFERENCIA SOBRE LA HISPANIDAD

Hispanidad

He aceptado encantado como siempre, el honor de hablar para quienes están ansiosos de oír algo distinto de lo que se oye por todas partes y a todas horas. Tanto más cuanto que esta vez no me han dado libertad para elegir el tema sino que me lo han sugerido con cierta dosis de imposición. Pero ésta no podía ser más de mi agrado pues tengo que hablarles de la HISPANIDAD.

Pocas cosas hay que me llenen tanto como hablar de la Hispanidad, a la que llevo sirviendo de distintas maneras desde mi juventud, la bonita suma de cincuenta y tres años... Una entrega de enamorado, es decir, sin compensación crematística. ¿Qué mejor retribución que la insuperable satisfacción y alegría del alma de servir a la mejor de las causas? Y es que esta guerra no es simplemente una batalla humana y material con matices políticos, económicos y culturales sino que es parte de la Gran Batalla, esa que llamo "la Ley de la Historia", la única guerra que importa ganar, "la lucha a muerte entre las dos ciudades" definidas magistralmente por san Agustín como la Civitas Dei y la Civitas Terrae.

No voy a repetir ahora lo que en diversas ocasiones, especialmente en mi charla "Apostasía silenciosa y agonía del Catolicismo español", me han oído explicar. Pueden consultar ese texto que la Peña Cataluña Hispana fotocopió y distribuyó. Y que la revista de Monterrey (Méjico) "Integridad mexicana", ha reproducido en su totalidad a lo largo de los números de este año.

Hay otra razón para poner todo el calor en tratar el tema: la realidad política que viven Cataluña y el resto de España. Cuando en esta región españolísima estamos presenciando, impotentes, el asesinato vil de la idea de España como patria de los catalanes, la eliminación del idioma español como lengua oficial de Cataluña sin que el Gobierno, las Instituciones (incluidas la Corona, los Tribunales Superiores de Justicia, el Ejército) muevan un dedo para impedirlo conviene volver sobre estas ideas y se impone el fortalecer su Hispanidad por todos los medios.

Porque, además, se suma el agravante de que esta destrucción de la Patria en Cataluña es financiada con nuestro dinero sin que los responsables máximos del Gobierno y de las Instituciones hagan nada para pararle los pies a Jorge Pujol. Para más inri estos crímenes de lesa patria se consuman mientras con una risa estúpida y entre palmaditas en la espalda los responsables máximos de esas instituciones celebran el cinismo con el que el napoleoncito catalán se cachondea de los españoles (catalanes o no) que vivimos en Cataluña tomándonos por imbéciles al comprobar su impotencia para darle la respuestas adecuada, gracias a la Democracia, al espíritu de tolerancia, al espíritu de diálogo y a todos los demás "espíritus" del posfranquismo.

Les hablaré de la Hispanidad a mi modo. Tantos años de luchas, de cicatrices invisibles y de experiencias me han forzado a opinar en primera persona, cansado de aportar mis esfuerzos a fondos comunes y de ver cómo desaprovechan esa formidable energía del pueblo español por carencias elementales en quienes asumen la dirección de la empresa común de defender a España y la Hispanidad.

Digo que les voy a hablar a mi modo, entre otras razones, porque voy a prescindir de la oratoria para la que no estoy especialmente dotado y en la que ya creo muy poco porque suele convertirse en una trampa mortal para nuestra causa. La Oratoria era un instrumento maravilloso en otras épocas cuando los hombres eran personas libres pues habían sido formadas en el amor a la luz, a la verdad y al bien, pero ahora, ¡hoy!, cuando los hombres son irracionales con cara cuadrada de televidentes, totalmente en manos de los medios de comunicación (los "media") a su vez controlados absolutamente todos ellos (prensa, cine, radio, televisión, editoriales, etc.) por el Poder Supremo sin rostro y en manos de su perfecta organización mundial, voy a continuar mi sistema de hablar con la mente fría y sin intentar provocar entusiasmos sensibleros dado que una vez que el orador ha finalizado su arenga suelen durar muy poco. A semejanza del fuego de paja, apenas deja rastro de ceniza.

Cierto profesor, siendo yo adolescente (que es cuando se gravan las ideas en la mente para siempre) nos mostraba la diferencia entre los efectos diferentes de dos tipos de discurso. Uno. El orador de postín que en otros tiempos llenaban las catedrales, (¡oradores fantásticos que deslumbraban a la alta sociedad de París, de Roma o de Madrid!). Otro. El del misionero auténtico, que no se perdía en bellezas literarias al hablar en iglesias más modestas (abarrotadas de gente que acudían para oír al santo). Iban al grano, tocaban la inteligencia y la conciencia de los oyentes. Aquéllos salían del templo charlando entusiasmados y celebrando la maravillosa elocuencia del predicador. Éstos otros, en silencio, ensimismados porque salían "tocados", examinando su conciencia y con ganas de ir al confesionario.

Y les voy a hablar a mi modo pues creo que la finalidad principal de estas conferencias y charlas que se dan en nuestras aulas dadas las circunstancias que nos toca vivir, ha de ser provocar reacciones adecuadas y tomar medidas. En cierta forma emprender el camino del confesionario, por aquello de que si no hay propósito de la enmienda la confesión es inútil.

¿Qué es la Hispanidad?

Definir un concepto es una de las cosas más difíciles que se le presentan al hombre. Da origen luego a infinidad de discusiones. Es preferible obviar los inconvenientes de las definiciones concretas reemplazándolas con explicaciones sobre su naturaleza, génesis e historia. para entender su esencia que es lo que voy a hacer.

El 12 de diciembre de 1996, (fiesta de Ntra. Sra. de Guadalupe, Patrona de Hispanoamérica) en esta misma aula presentaba yo mi proyecto de UNIVERSIDAD DE LA HISPANIDAD "ISABEL DE CASTILLA, REINA CATÓLICA". Expliqué es día mi interpretación de la Hispanidad. Fotocopiada y difundida por la Peña Cataluña Hispana no ha perdido la más mínima actualidad por lo que me reafirmo en lo dicho en aquella ocasión y constituye el fundamento de cuanto les puedo decir ahora.

La Hispanidad no es un sueño literario, ni una elucubración de mentes calenturientas dedicadas a especular con las ideas. ¡No! La Hispanidad es una realidad enraizada en la Historia de la Humanidad y en la mismísima Teología, entroncando con los proyectos de la divina Providencia. No es tema para chistes ni para tratar superficialmente. Hombres de Dios y españoles como monseñor Zacarías de Vizcarra (quien dio nombre a esa realidad que él no creó, ni inventó, pero que supo bautizar con total acierto.), Ramiro de Maeztu, Franco, fundador de aquella gran obra que se llamó "Instituto de Cultura Hispánica" (del que fue excepcional director y motor, Blas Piñar) lo saben muy bien . Igualmente lo conocen otros grandes defensores de la Hispanidad, postergados y arrinconados, desde 1975, por quienes dirigen la nave del Estado y de la política española y son simples marionetas del Poder Supremo sin rostro.

Un joven genio de la visión hispánica de la existencia y de la política auténtica asesinado en Alicante un veinte de noviembre (1936), nos legó esta verdad incuestionable:

"ser español es una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo"

que basta para liberar de complejos. Y es que José Antonio, guiado por su intuición de pensador genial, entendió como pocas la misión del español y de lo hispano sobre la tierra. Sabía lo que España había sido para la Humanidad y que ni Grecia ni Roma hicieron por ella lo que nuestra Patria. Efectivamente, como escribió alguien, "después de la Creación del mundo y de la Encarnación del Hijo de Dios no ha habido nada más importante para la Humanidad que el 12 de octubre de 1492" y, sobre todo, la Obra civilizadora de España que le siguió.

Frente a esta realidad nuestro sino ha querido que, en Cataluña, vivamos rodeados o bajo el gobierno de mentes enanas, incapaces de comprender la grandeza de su Patria. Sin embargo se extasían contemplando la inmensidad de su ombligo y una seudohistoria manipulada del Principado mientras se bañan en un estanque de lágrimas y sudores de agonía, como eternas víctimas de la persecución castellana y centralista de Madrid... ¿Dejarán, algún día de llorar y de chantajear a los Gobiernos democráticos con esa plúmbea y acomplejada cantinela de "la persecución contra Cataluña"?

De ahí la necesidad de hablar frecuentemente, en esta tierra tan española, de la Hispanidad y de lo español.

Digamos, para empezar, que la Hispanidad no es un invento franquista. Y es preciso aclararlo porque, aunque hace ya 23 años que falleció Franco, sus enemigos no pueden olvidarlo. Cada día, sin fallar uno solo, hay algún locutor, escritor, político que recuerda a Franco o al franquismo para escupirle o culparle de algo (¡no importa el pretexto!...) no lo pueden remediar. ¿Cómo es posible --pregunto yo-- que no habiendo existido nunca, ni Franco, ni sus "cuarenta años" de gobierno --¡pues han borrado de la Historia el período 1936-1975!-- lo tienen siempre en los labios ? Lo más gracioso es que han suprimido esos años de las biografías de personajes conocidos de todos. ¡Misterio y milagro a la vez!

Mejor dicho, ¡son las "órdenes del Amo", las del Poder Supremo sin rostro!

La Hispanidad tampoco nació en este siglo. Vino al mundo el 12 de octubre de 1492 pero fue engendrada durante siglos, ¡tantos como duró la Reconquista! Y, como dije en mi charla citada anteriormente, la primera piedra de la Hispanidad la puso nuestra Madre y Madre de Dios, la Santísima Virgen María el día que le promete a Santiago que le visitará en España, en la ciudad donde más conversiones logre.

Cumple su promesa y, un dos de enero (¿año 40?) se presenta en Zaragoza, en carne mortal, es decir, antes de su Asunción al Cielo dejándonos el Pilar, en prenda de que, a partir de ese momento, en España,. nunca le faltarán a su Hijo adoradores fieles.

No es de fe, pero los buenos españoles sabemos que fue así. La Historia nos apoya y los hechos confirman la Tradición..

Para entender la Hispanidad y todo lo que se mueve en su entorno, es preciso repasar la Historia del Pueblo elegido por Dios para que de él naciera su Hijo.

Ya sé que, hoy, en la era de la "revolución icónica", de la física cuántica y de la bioteconología, cuando el hombre "sin Dios" "se cree dios", porque empieza a descubrir (sólo "descubre", sólo "se halla ante", sólo "encuentra"), las leyes maravillosas que el Creador ha puesto en el universo para regirlo hablar, como lo hago yo, parece lenguaje para gente de mentalidad precientífica.

Pues, ¡no!, señores, no hay realidad más cierta y fiable que ésta: ¡Dios existe!, ¡Dios es el Único Invencible!, el Todopoderoso, Dios es el exclusivo Creador y Señor de las Leyes del Universo. Ni Bill Gates --el hombre más rico del mundo--, ni Bill Clinton --el hombre más poderoso del mundo--, ni todos los premios Nobel juntos, ni el Poder Supremo sin rostro (dueño ya de la totalidad --o casi-- de los resortes del poder económico, político y mediático) pueden nada... ni son nada a su lado.

Convénzanse de que pasan los hombres (¡los poderosos, los sabios, los genios!), pasan los Imperios, pasan las Organizaciones Supranacionales. Y a todos nos espera pacientemente el Supremo Señor de todo lo creado... para ver si hemos sido inteligentes y razonables y hemos sabido aprovechar la vida que nos ha regalado con un fin principal y fundamental: merecer la invitación para pasar a disfrutar con Él de las maravillas de una eternidad de plena felicidad felicidad, -- incomprensible para la mente humana --.

Dentro de no muchos años, (¿qué son cien años?) ni ustedes, ni yo, ni nadie de los que hoy ostentan el poder económico, el poder político, o el poder decisivo de los medios de comunicación seremos nada. Mientras tanto, los designios y los planes del Dios Uno y Trino, seguirán, impertérritos, su marcha. Y lo dicho no son cuentos para infantes.

Sean realistas, amigos oyentes, y piensen que la Historia tiene una ley que procuro recordar incesantemente por doquier: "La guerra a muerte entre la Civitas Dei y la Civitas Terrae". Es la ley inevitable que rige la Historia. No desaparecerá hasta el día en que Satanás y sus fieles servidores, los "hijos de Satanás", oigan la sentencia final ineludible: "Id al fuego eterno". Es la ley que lo explica todo en política, y en cuanto tiene relación con el hombre como ser libre y racional. Quien la ignora nunca entenderá nada. La Hispanidad, sin esta base, no tiene sentido, como tampoco lo tiene el Alzamiento Nacional, ni el Régimen a que dio origen.

Esa ley rige siempre. Rige hoy. Y las consecuencias las pagamos los hombres. Sin ir más lejos, aquí y ahora tienen la prueba: Estamos reunidos en esta sala cuatro gatos (y perdonen la crudeza del lenguaje) y, en general pasaditos de años, cuando deberíamos llenar los estadios y llevar las riendas de la política. ¿Por qué? Pues, sencillamente, porque los "vencedores de la Cruzada", ignorando la ley de la Historia, olvidaron pronto cuál era su misión tras la Victoria. Y, en vez de permanecer en guardia y en alerta permanente y en la línea que nos habían trazado los héroes y los mártires se apoltronaron y dejaron que el enemigo derruyera el baluarte desde dentro. Éste no es el tema de mi charla pero no podía pasar por alto un comentario tan necesario.

Volvamos a la Historia de Israel.

El Pueblo Judío (el pueblo elegido por Dios para que de él naciera el Redentor) al traicionar su misión, al no reconocer a Jesús como Mesías, como el Ungido de Dios, (esperado desde que Abraham recibió la promesa) el Señor lo abandona y le priva de su la condición de elegido. Sabemos esto porque nos lo ha explicado muy bien un judío excepcional y valiente que retó al Sanedrín y no se doblegó, jamás, ante él, ni le asustaran las persecuciones a muerte al que fue sometido por sus compatriotas. Estoy hablando de Saulo de Tarso, del Apóstol san Pablo. Él, para que nadie se llame a engaño, deja constancia con machacona insistencia de que es judío:

"¿Son hebreos? También yo. ¿Son israelitas? También yo. ¿Son descendientes de Abraham? También yo" (2 Cor. 11, 16)

"Circundado al octavo día, de la raza de Israel, del la tribu de Benjamín, hebreo, hijo de hebreos y, según la ley, fariseo, y por el celo de ella perseguidor de la Iglesia..." (Filip. 3,5)

No es pues Hitler, ni antisemita alguno, quien nos habla de la negativa de los judíos a reconocer al Salvador sino un fariseo que, por celo de la Ley fue antes perseguidor de los discípulos de Jesús. Mejor testimonio, de mejor testigo, es difícil de encontrar. Que, ahora, no nos vengan, y menos desde Roma, con monsergas de "antisemitismo" católico, ni con la necesidad de pedir perdón a los verdaderos enemigos del Catolicismo.

El mismo san Pablo (si bien reafirma su deseo morir por sus hermanos los judíos) reconoce que Israel, endurecido, se salvará pero sólo al final de los tiempos, cuando reconozca a Jesús como su Dios.

Entretanto, mientras llega ese momento, la realidad indiscutible es que desde la crucifixión de Jesús hasta nuestros días, el que fuera pueblo elegido ha sido el gran enemigo de la Iglesia de Cristo y, al propio tiempo de aquellas naciones que han reconocido el reinado social de nuestro Señor. Especialmente, de España y de la Hispanidad.

No se entiende la postura claudicante de la Jerarquía católica, ni su forma de actuar frente al prepotencia judía que se permite imponer su ley al mismísimo Vaticano. Nosotros, los españoles, tenemos una prueba sangrante. Me refiero al veto sionista (acatado por S.S. Juan Pablo II) de no beatificar a Isabel la Católica . Cada vez es mayor la chulería con que se entromete en el gobierno de la nuestra Santa Madre la Iglesia y más frecuentes e impertinentes sus exigencias. más exigentes.

María (la Madre de Dios y nuestra) quiso dar a entender que tenía elegido a un pueblo para que, en los siglos venideros, tomase a pecho la defensa del Catolicismo naciente y para promocionar el reinado social de su Hijo a lo largo y ancho del mundo. Y, si nos atenemos a los hechos, ¡ese pueblo fue España!, lo que no se opone al hecho de que, con la muerte de Cristo quedaban eliminadas todas las barreras y cualquier pueblo podía beneficiarse de la Redención.

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Nos llevaría muy lejos repasar la Historia pero a grandes rasgos, los ochos siglos de la Reconquista (con el único fin de que la media luna dejara el puesto a la cruz) la derrota del poder otomano en Lepanto, el frenazo a la expansión del luteranismo en Europa (y su nula penetración en la Península ibérica), el Concilio de Trento, (al que España contribuyó en forma decisiva) y, sobre todo y principalmente, el haber puesto a los pies de Cristo ese florón de veinte naciones católicas que, quinientos años después siguen siendo la gran reserva del Cristianismo en el mundo, son algo más que una insinuación, son una demostración de nuestra tesis pues, como dijo Maeztu "llevan nombres españoles la mitad de las tierras del globo"... pero nombres muy queridos de los cristianos: desde los del Salvador y María, a todos los santos y misterios católicos.

España, América, Filipinas son, sin la menor duda, la "tierra de María Santísima". Son miles y miles las iglesias, basílicas, capillas, ermitas que cubren toda la tierra que fue el Imperio español. Y es que a lo largo de los siglos, para todo español bien nacido todo español bien nacido, defender y propagar la devoción a María era cuestión de honor de caballeros: a cuya realidad, la Madre de Dios, correspondió siempre. A veces, en forma milagrosa, como en el cerro del Tepeyac. Allí, apenas diez años después de la llegada de los españoles a Méjico, se le aparece al indio Juan Diego, le deja su imagen milagrosamente grabada en su tilma (tanto que aun hoy, con todos los adelantos de la ciencia, no logra explicarse) le habla en castellano, le indica lo que debe hacer... y se la llena de "rosas de Castilla".

Para asumir lo que es la Hispanidad es imprescindible entender lo que fue la Conquista y Colonización de América. Comprender lo que fue el Imperio español. El slogan (tan criticado y combatido despectivamente) por los servidores del Poder Supremo sin rostro: "¡España es diferente!" es una de las grandes verdades de la Historia, de la Política y de la Sociología.

¡Sí, señores, España es diferente!, ya que su forma de actuar no se parece en nada al resto de las naciones. Ni el proceder de éstas con España se ajusta al patrón normal. Nos eternizaríamos aquí si me propusiera probar cuanto afirmo pero les sugiero que, sin ir muy lejos, repasen ustedes mismos la Historia reciente, la que la mayoría de ustedes han vivido: La Cruzada, la Victoria, el cerco y bloqueo internacional contra nuestra Patria, la exclusión del Plan Marshall del qué se beneficiaron la Alemania de los nazis y la Italia de los fascistas, sus enemigos mortales y vencidos. La España neutral e invicta, que salvó a Europa del marxismo y que posibilitó la victoria aliada con su neutralidad, fue el blanco elegido por el Poder Supremo sin rostro para sus ataques. Los vencedores perdonaron a los alemanes (nazis), absolvieron a los italianos (fascistas), olvidaron los genocidios marxistas (cien millones de asesinatos a manos de los rojos en el mundo) pero el Poder Supremo sin rostro forzó a los gobiernos occidentales aliados a proceder con tal indignidad contra nuestro pueblo que, cuando en los siglos futuros, se abra paso la verdad en la Historia y se juzgue tal conducta se quedarán atónitos de la miseria moral del resto de las naciones..

España es diferente porque su obra cristianizadora y civilizadora en América no tiene nada comparable con las conquistas y colonizaciones anglosajonas.

La colonización inglesa la explican ellos mismos a su modo en las películas que ellos han producido, pues esa industria está en sus manos.

Queda claro siempre, que el gran motor y el objetivo principal y único de sus conquistas no es otro que el oro, en sus diversas versiones: negocio, comercio, materias primas. Por el contrario Dios, su ley, el alma de los conquistados, sus derechos, les tienen sin cuidado. ¡No entran nunca en sus planes!

Me parece que, quien más quien menos, estamos hartos de ver películas del Oeste en las que los anglosajones, sin querer (o queriendo) exponen en forma esquemática toda la filosofía de sus conquistas. Todo gira en torno al "Bank", al "Saloon", al "sheriff"; si alguna vez aparece algún "predicador" es un "chistoso", un "vivo", un "chalao" o un sinvergüenza. (Todo en desprestigio de la religión y de la esencia católica).

Ciertamente es una caricatura pero con una gran base de realidad. Las grandes fuerzas de la conquista sajona son única y exclusivamente materiales: sexo, oro, fuerza, violencia sin límite. Los valores trascendentes brillan por su ausencia.

La conquista española (y la Hispanidad que de ella nace) está igualmente, plasmada, esculpida con precisión magistral en el monje (sacerdote, predicador, maestro o catedrático) y el soldado. En la cruz, el libro y la espada. La civilización española está perfectamente explicada con solo contemplar el nacimiento de los pueblos que los conquistadores van sembrando a lo largo, ancho y profundo de todo el territorio conquistado (sí, también a lo profundo, pues los españoles no se quedan en las costas, penetran en los continentes) : Me estoy refiriendo a la "Plaza mayor". Plazas al estilo de Castilla puesto que fue Castilla quien conquistó América para España.

La plaza mayor es uno de los monumentos a la Hispanidad. Cada pueblo que nace lo hace a partir de una plaza mayor, en uno de cuyos lados se yergue, protectora, la Iglesia parroquial y, en el otro, el Concejo.

Porque la conquista española se fundamenta sobre dos pilares sólidos, inamovibles: la fe en Cristo y el sentido de la organización social basado en la justicia y en la libertad auténticas (no en las que ofrecen y no dan, las constituciones democráticas, liberales y otras mandangas) la libertad y la justicia que se apoyan en la verdad y en el bien común que son realidades de siempre y que ya eran viejas cuando inventaron eso de la democracia partitocrática, al servicio de la masonería y del Poder Supremo sin rostro, y descubiertas para España (¡oh maravilla!) por Adolfo Suárez y don Juan Carlos. ¡Inmortales para siempre por ese golpe genial (y de estado) de dos estadistas irrepetibles! (¿No creen que se merecen un aplauso? ¿O será mejor una pitada?)

Por eso la colonización de Hispanoamérica (mejor dicho la civilización y cristianización de esas tierras) fue un proceso positivo, sano, natural y creció en forma radial llevando los beneficios de la cultura hispana a lo ancho y a lo largo del Continente y de las islas. Todo lo contrario de lo que hicieron los anglosajones cuya colonización (lo que ellos conquistaron si fueron verdaderas "colonias" en el sentido peyorativo de la palabra o sea tierras para sangrar, para exprimir, para sacarles todo el jugo posible dándoles nada o lo mínimo).

El gran instrumento de su colonización fue la "factoría". Las factorías eran asentamientos de los conquistadores anglosajones establecían en las costas. Desde ahí dirigían las explotación de las riquezas de los países conquistados y desde sus puertos las enviaban a la metrópoli. No se mezclaban para nada con los nativos. El mestizaje para ellos era un crimen contra su raza. Ni se adentraban en el Continente. No tienen más que recordar la historia de las "trece colonias". Cuando los angloamericanos (convertidos ya en "estadounidenses") se deciden a robar a México las tres cuartas partes de los Estados Unidos de hoy, lo hacen a sangre y fuego, con genocidio de indios incluido. Sin mezclar su sangre con la de los indios, por supuesto. Y es que los anglosajones son racistas esenciales. Esta es la cruda realidad y tema para tratar a fondo en una o varias conferencias. ¡Y nos los presentan como modelos en política, en democracia, en amor a la libertad, en progreso, en civilización, en cultura! Y hay idiotas españoles que se lo tragan...!

España basó su colonización, en las normas emanadas, en primer lugar, del cerebro y del corazón, y del profundo sentir cristiano de Isabel la Católica (extraídas, claro está, de la idiosincrasia de su pueblo) y, luego, del profundo sentido de la justicia de los monarcas que prosiguieron su obra. Las Leyes de Indias son la admiración de los estudiosos de cuantos han profundizado con imparcialidad la Obra de España en el ancho mundo, tanto en América como en África u Oceanía.

Los investigadores e historiadores extranjeros que sin prejuicios la han estudiado no salen de su asombro por sus numerosos descubrimientos lo que acaba transformándolos, frecuentemente, en admiradores y defensores de la misma. Han comprobado, así, que no existe en el mundo un gesto como el del Emperador Carlos V (¡el hombre más poderoso de la tierra cuando reinaba!), ordenando suspender las conquistas hasta que se aclarase (por los teólogos de Salamanca) si España tenía derecho y "justos títulos" para llevarlas a cabo

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Se admiran, igualmente, de que la principal obsesión de España y de sus monarcas lo fuera la justicia. Quedan atónitos de ver que cualquier ciudadano se podía dirigir a los monarcas para criticar su proceder y plantarles cara. Era posible decirles las verdades más crudas sin que hubieran de temer represalias. Además los reyes españoles han mandado que cualquiera puede acudir a ellos denunciando el menor abuso contra los indios y acusar no sólo a los particulares sino, también y especialmente, a las autoridades que ostentaban la representación real, desde los virreyes hasta el último funcionario. ¡Algo inconcebible en ninguna otra nación de Europa o del mundo en aquella época!

Para que ahora nos vengan dando lecciones sobre "estado de derecho", "derechos humanos" y demás faramalla y monsergas democráticas. La tan denostada y atacada Inquisición no era una instrumento para neutralizar a la "oposición" sino, exclusivamente, un medio acertadísimo para alejar el cáncer de la herejía a cuya eficacia debe España el haberse librado de las guerras de religión y demás desastres acarreados a la Europa de los siglos XVI y XVII por Lutero. (¡El hoy reivindicado y rehabilitado por el propio Papa!)

Como el tiempo no da para más y me resulta imposible desarrollar el plan completo primitivo de esta charla debo limitarme a enumerar y glosar, muy brevemente, una serie de temas dignos todos ellos de un estudio a fondo si se quiere comprender el milagro de la Hispanidad y la singular e inimitable Conquista y Evangelización de las Indias. Es imposible abordar en profundidad el tema de la Hispanidad en cincuenta minutos. Intentaré que, al menos, presentar unas cuantas ideas fundamentales que nos reafirmen en el legítimo orgullo de ser españoles por todo cuando el mundo y, muy especialmente, el Catolicismo le deben a España.

I.- No fue por casualidad que España descubrió el Nuevo Mundo dando una lección a los pueblos civilizados sobre lo que es conquistar, colonizar, civilizar y cristianizar.

La obra de España ha sido atacada a fondo por el Poder Supremo sin rostro de todas las maneras posibles y, una de ellas, es quitarle importancia a todo cuanto ha hecho y otra dar por bueno el embuste (admitido por muchos de nuestro cándidos compatriotas) de que el Descubrimiento y la Conquista del Nuevo Mundo, fue producto de la casualidad.

En absoluto.

España alcanzó la cima del poder político, militar y cultural porque vivía una plenitud total y estaba preparada para semejante misión. ¡Ocho siglos de Reconquista la habían puesto a punto para acometer la hazaña!

La Reconquista es una gesta única, sin parangón en la Historia de la Humanidad. La Reconquista hizo de España una sociedad dinámica y creativa y de ese modo se halló preparada para adueñarse de medio mundo y crear el mayor Imperio conocido. Imperio que no fue, tampoco, producto de la suerte.

Sus éxitos de toda índole, imperiales, conquistadores y colonizadores fueron algo natural, una prolongación de la Reconquista. No consta de pueblo alguno que haya luchado durante casi ochocientos años para recuperar el suelo patrio y arrojar al invasor, en su doble vertiente de intruso y como portador de una religión falsa contraria a la fe de su pueblo. La consecuencia fue que ningún otro pueble de entonces tenía el temple moral y una actitud tan clarividente ante el sentido de la vida como el español del siglo XV.

Por otra parte (y esto fue un factor clave) una reina santa, Isabel de Castilla, había impuesto a Roma la reforma de la Iglesia española adelantándose casi un siglo al concilio de Trento, hecho que tuvo un efecto de trascendencia vital al preparar a la nación para su misión de frenar la Reforma protestante La fortaleza de su fe, la convertiría en alma de la Contrarreforma y luz del Concilio de Trento.

Isabel había logrado que casi todos los obispos españoles fueran religiosos regulares de virtud probada. Las órdenes religiosas y, sobre todo, los dominicos impulsaron el estudio y la ciencia; y los monarcas fueron los motores de la modernidad y de las artes.

España poseía una fe combativa, no durmiente. Su pueblo era capaz de dar la vida por ella. La fe era para el pueblo español el don más preciado. Era, ¡la "santa Fe"!. Los Reyes Católicos bautizaron con ese nombre su campamento ante Granada en el último asalto al reino moro . Por supuesto los españoles no eran unos santos. Pecaban, pero no renegaban de su fe y tenían las ideas claras. Esa fe les dejaba siempre el camino expedito para la conversión, el arrepentimiento sincero y la penitencia reparadora. ¡Tenían el "celo por la fe"!. Sin ella no se explica la conquista de América, ni el brío de los conquistadores, ni sus audacias, ni sus locuras, como la que provocó la "noche triste" que pudo haber sido el fin de Cortés y de sus hombres.

Es preciso no cansarse de subrayar que España estaba preparada intelectual, moral y espiritualmente. y que las universidades españolas, Salamanca sobre todo (que había desbancado a la Sorbona por la altura de sus pensadores y de su docencia) había preparado a toda una generación de hombres de miras altas.

II.- La conquista de las Canarias (1477) fue, por otra parte, el laboratorio donde Castilla probó su sistema de "conquista" y "colonización" sin saber, entonces, que estaba ensayando, en las Islas Afortunadas, los instrumentos precisos para la administración de continentes enteros, lo mismo en el ámbito económico, que en los circuitos comerciales o la organización eclesiástica. Como muy bien ha escrito Andrés Gambra "la condición jurídica de los indígenas americanos se gestó en Canarias" es decir, al amparo de la "absoluta justicia". Ya que el sentido de justicia va ligado al Imperio español como la sombra al cuerpo.

III. Destrocemos algunas fábulas-mitos inventadas en los laboratorios del Poder Supremo sin rostro. Principalmente el embuste tan jaleado de las culturas existentes en las tierras de ultramar cuando llegamos los españoles a las Indias. En 1492, lo que hoy llamamos América, vivía en plena edad de bronce. No conocían la rueda, ni el hierro. Ignoraban la escritura, el libro y no digamos ya la imprenta. ¿Dónde está el encuentro de culturas? La única cultura (en ese invento del "encuentro") es la que Castilla les llevó.

Unos pueblos guerreros, con métodos de absoluta crueldad, oprimían y aterrorizaban a sus vecinos. Baste recordar que hacían la guerra para procurarse víctimas humanas para sus dioses sedientos de sangre. Es incomprensible que el Poder Supremo sin rostro haya hecho colar el mito de la destrucción de las culturas aborígenes por España cuando lo único que hicimos fue civilizar a unos auténticos salvajes. Le mejor prueba la tenemos en la Nueva España: los indios vecinos, paralizados de terror por los aztecas, fueron los mejores colaboradores de Cortés en la conquista de Méjico, gesta que, sin semejante ayuda, no hubieran podido llevarla a buen término aquel puñado de valientes que, saliendo de Cuba se metieron en una aventura, solo al alcance de semidioses e imposible para simples humanos ¡por muy castellanos que fueran!

El desaprovechamiento (mejor dicho la neutralización y bloqueo) del Quinto Centenario por el Gobierno socialista fue elaborado científicamente. El plan se preparó con diabólica malicia en los antros del Poder Supremo sin rostro para impedir el brillo y la gloria de nuestra Patria, al cumplirse el primer medio milenio del Descubrimiento y constituye una prueba más del odio a España y a la Hispanidad de la Sinagoga de Satanás a la que mansamente sirven los que mangonean eso que llaman "la política democrática del Estado español" desde el perjurio y la traición a la herencia recibida de los artífices de la Transición.

IV.- América nace con España. Antes no existía. Hispanoamérica nace católica y mariana. Y por ello se convierte en lo que se ha llamado el "Continente de la Esperanza" o en "la reserva espiritual del mundo", ¡chistes aparte! (El chiste es un método muy eficaz de fomentar complejos entre gente mentalmente débil) .Y mucho más lo hubiera sido de no ser porque el mismo poder oculto que dirige desde hace siglos el plan para aniquilar a España no hubiera planeado igualmente la destrucción de su obra donde quiera se halle, lo mismo en Filipinas que en la Guinea ecuatorial.

La realidad sublime radica en que España es, por antonomasia, madre de naciones. América le debe la vida y lo reconocen incluso quienes no pertenecen a nuestra estirpe cuando analizan desapasionadamente el tema. Las inyecciones de sangre italiana, alemana, francesa en Argentina , Venezuela, Chile, o en las naciones del Caribe o Centroamérica han llegado cuando ya éstas eran adultas y su influencia no dejaría de ser insignificante.

Los pobladores del Nuevo Mundo o de Filipinas, sin la actuación española, nunca habrían llegado a ser gran cosa. La mejor de las pruebas es comparar la situación de América en 1800 y el nivel europeo que alcanzado por todo el continente hispanoamericano, con el estado del continente africano o asiático, en 1950 (es decir, siglo y medio, ciento cincuenta años, después) cuando las otras "potencias colonizadoras" dejaron nacer las naciones del "tercer mundo". Los siguientes epígrafes reforzarán lo dicho aquí y explicarán por qué.

V.- España creó en Hispanoamérica treinta y dos universidades.

¿Conocían ustedes todos este dato? La primera, la de Santo Domingo, la creó Carlos V en 1538. Y las dos siguientes, la de Lima y Méjico, en 1551. O sea, treinta años después de la conquista por Hernán Cortés. Cuando los ingleses ni soñaban en tener colonias en América. La primera Universidad de las "Trece Colonias", la de Harvard es de 1636. Un siglo posterior.

Es una prueba innegable de que desde el primer instante, a los grandes monarcas españoles del descubrimiento y la conquista (Isabel, Fernando, Carlos V) lo que les preocupa, por encima de todo, es, junto con su evangelización, la educación, formación y civilización de sus nuevos ciudadanos, los indios.

Un ejemplo. Carlos V, nada más conquistar Méjico, envía "doce apóstoles", doce misioneros franciscanos. Cortés los pone en contacto con los "caciques" y sacerdotes aztecas lo que da origen a los admirables "Coloquios" donde con paciencia exponen, discuten, aclaran dudas, refutan errores, una y otra vez, para conducirlos a la verdad por la convicción, sin forzar nada. Estos "Coloquios" se consignaron en castellano y náhualt. Lo hicieron los propios indios ya letrados, estudiantes del colegio Santa Cruz de Tlatelolco, creado en 1536. Quince años después de la conquista...

En una entrevista que TVE hizo al rector de la Universidad Católica de Manila, éste manifestó algo que se me gravó para siempre. Resumiendo dijo, más o menos, lo siguiente:

"Cuando Filipinas accedió a la independencia (en 1898) la practica totalidad de profesionales, abogados, médicos, ingenieros, etc., eran nativos, filipinos graduados en sus universidades o en las de España, mientras que cuando en Indonesia, esta nación se independizó a mediados del presente siglo, después de la II Guerra Mundial, todos sus profesionales nativos universitarios se reducían a "dos estudiantes" que cursaban estudios en Holanda..."

Es un testimonio clarificador de la diferencia abismal que existe entre la obra civilizadora de España y el tipo de colonización de los países protestantes. ¡Aterrador testimonio contra esos pueblos tan aupados por nuestros intelectuales "progres", adoradores de los pueblos del Norte (Inglaterra, Holanda... ¡países de la Libertad!

VI- Otra fábula: ¡el indigenismo! El Poder Supremo sin rostro ha impuesto (gracias a su omnipotente máquina de propaganda pues controla directa o indirectamente la casi totalidad de los medios de información y comunicación --cines, televisiones, radios, periódicos, agencias de noticias, agencias de publicidad-- ya que tiene en sus garras el poder económico), como ya hemos dicho, toda una serie de tópicos y leyendas negras contra España y su obra. Uno de esos embustes-mito es la fábula del indigenismo redentor. Ese movimiento que aspira a librar al indio de las secuelas de la opresión hispana y de devolver, a su prístina pureza, eso que ellos llaman Indoamérica.

Este cuento merecería que le dedicásemos toda una charla pero, exclusivamente, para ironizar sobre el tema como lo hizo ya el pintor mejicano Clemente Orozco. Ciñámonos a recordar lo que ya hemos dicho, que España empeñó a civilizar a unos bárbaros cuyo pasatiempo preferido era guerrear para proveerse de víctimas humanas (que ellos llamaban "flores de guerra") con las que ofrecer corazones palpitantes (¡arrancados vivos de los pechos de los sacrificados!) a sus dioses. Un espectáculo que horrorizó a los españoles cuando lo presenciaron por primera vez y que constituía el alma de su gran cultura...

España se limitó a impedir tales crímenes, a sacarles de la superstición y de la edad de piedra. ¡Qué nos vienen ahora con "purificaciones" culturales para volver la belleza original!

La realidad es muy otra. La verdad cruda es esta: Si algo se conserva de la cultura india se debe, exclusivamente, a España y muy concretamente, a los misioneros españoles. Cualquier historiador serio ha tenido que reconocer que eran gente preparadísima. Los monarcas enviaron verdaderos sabios a misionar. Los indios no tenían alfabeto e ignoraban la escritura. Los misioneros fueron los auténticos lingüistas, que lograron trasladar al alfabeto sus sonidos, hallar su gramática y consignarlo todo por escrito. Gracias a ellos conservan su idioma y sus tradiciones. Ya hemos aludido a que en muy poco tiempo, los propios indios pudieron escribir en náhualt. Pasando de la prehistoria a la civilización.

El indigenismo es un mito porque sin el ingrediente de lo hispano, asumido por los indios desde hace medio milenio, los descendientes de los aborígenes no serían más que un conglomerado de infinidad de tribus sin nexo alguno, ni de idioma, ni de creencias. Sin conciencia histórica de ningún tipo y en guerra permanente de unos con otros. Algo así como lo que está sucediendo en el África negra de 1998 como consecuencia de la errónea colonización, absolutamente diferente de la civilización recibida por los indios de Hispanoamérica. El verdadero indigenismo es el que defiende la Hispanidad de todos los indios del Continente y que los elevó a la absoluta igualdad con Europa.

Y conviene recordar algo más a los detractores de la colonización española, tenemos que refrescarles la memoria a los lacayos de las logias y aclararles que los indios empezaron a ser despreciados y maltratados en Hispanoamérica cuando, en las nuevas naciones, (independientes ya de España) sus políticos empezaron a pensar como "sajones" aceptando las orientaciones masónicas y arrinconando la herencia católica y española de sus mayores. España nunca despreció al indio, lo vio siempre como un hermano, hijo del mismo Padre, Dios.

Además, el indigenismo (inventado en los antros de donde salen todas las fábulas históricas, políticas, filosóficas y económicas), a parte de ser un insulto a la inteligencia, se desintegra como las momias, al soplo de unas simples preguntas. ¿Nos quieren decir los indigenistas, qué van a hacer con aquellos habitantes de Hispanoamérica que no son indios de pura sangre? ¿Dónde van a meter, ya no a los blancos, negros y mulatos, sino a los mestizos, sus hermanos de sangre,, ese producto enriquecedor de la Hispanidad?

VII.- Una característica fundamental de la Hispanidad es el mestizaje. Tanto que algún escritor ha definido la Hispanidad como mestizaje. Habida cuenta de esta realidad no deja de tener gracia que nos acusen a los españoles de racistas. Es el momento de reafirmar que si existe algún vicio peleado con nuestra idiosincrasia, ese pecado sería el racismo. Quizás se deba a que el sustrato sobre el que ha echado raíces nuestra esencia nacional es la fusión de razas. El emplazamiento del solar patrio convirtió a Hispania en encrucijada donde confluyeron invasiones del norte y del sur que, desde la más remota prehistoria, fueron mezclando sangres de innumerables razas. Pero, a partir de 1492, España, el Imperio español, se convierte en un auténtico y colosal crisol de razas. Se funden y cristalizan en algo nuevo y extraordianrio: "lo hispano".

Y si como, según parece, el mestizaje da naturalezas más fuertes y ricas, en el mestizaje hispano radica, sin duda, la grandeza de lo que Vasconcelos llamó la "raza cósmica". Si no fuera por esa gran vitalidad de la Hispanidad haría mucho tiempo que la constante y permanente persecución contra ella, a cargo del odio inextinguible del organizadísimo y omnipotente Poder Supremo sin rostro, habría logrado aniquilarla.

VIII.- La Hispanidad es, hoy, en un 95% asunto que concierne a Hispanoamérica, por varias razones. La primera, porque España representa sólo el 5% de la misma si nos atenemos a los números. Si, en cierto modo, al inicio del siglo XIX era admisible el afirmar que la Península era la "Madre Patria" (aun hoy en Hispanoamérica son muchos los que la llaman así), en 1998 es, simplemente, la "hermana mayor". En segundo lugar y principalmente porque, hoy, nuestra Patria agonizante, sin alma, en estado comatoso, sin ilusión, idiotizada, en esta seudodemocracia borbónica, ni vibra con su esencia, ni siente la Hispanidad, ni le importa un bledo su pasado y mira el futuro con la altura de miras de los ovinos camino del matadero. Porque la España que nos han legado D. Juan Carlos y su monaguillo Suárez, son precisamente eso: un rebaño de borregos camino de su sacrificio último en aras del sionismo internacional y devolviéndonos, quinientos años después, a las garras de las que nos libraron con visión de águilas, los Reyes Católicos.

CONCLUSIÓN

Esto y mucho más, que no tenemos tiempo de comentar, es el pasado de la Hispanidad. ¿Pero cuál es el presente y el futuro (que ha de ser y es) lo que realmente importa y la razón de hallarnos aquí reunidos?

Desagraciadamente, el uno y el otro se nos presentan negros como la boca del lobo. Por la sencilla razón de que a España y a la Hispanidad son atacadas desde todos los frentes y por todos sus mortales enemigos sin que nadie las defienda.

. El Poder Supremo hace varios siglos que juró su destrucción y sus innumerables incondicionales servidores cumplen a raja tabla todas las instrucciones. En especial sus poderosas terminales, entre ellas, la masonería y todos los instrumentos creados por ella, verbigracia, la democracia partitocrática y los partidos políticos y en grado superlativo los partidos nacionalistas vascos y catalanes. (Ahora hemos de añadir, los gallegos, andalucistas, y hasta los cántabros lo que huele a recochineo...)

Por el contrario, mientras sus enemigos dirigen científicamente su destrucción, por la defensa de España y a la Hispanidad nadie, ¡absolutamente nadie!, se preocupa. Así de cruda y de contundente es la realidad.

Por supuesto, cuando digo nadie no cuento la miseriuca de grupitos de patriotas (o como quieran llamarlos) en los que me incluyo, neutralizados perfectamente por los llamados poderes fácticos (que nos cierran todos los grifos) y que, por otra parte, parecemos tranquilizarnos si, de cuando en cuando, comemos juntos en algunas fechas significativas.

¡No!, cuando digo que nadie defiende a España me refiero a los que tienen la obligación, los medios y la vocación (libremente aceptada) de salvaguardar la Unidad y la Existencia de la Nación. Me refiero, en primer lugar, a la Corona que juró los Principios de Movimiento para volver al Trono y que pisoteando su juramento, traicionó la misión recibida y se burló de los españoles y de quien, cometiendo el mayor error su vida (una vida totalmente quemada en servicio de la Patria) nos trajo nuevamente a los borbones a reinar en España, insuflando, para nuestra desgracia, nueva vida a aquella monarquía liberal que José Antonio había creído -- y, con él-- la casi totalidad de los españoles-- "felizmente fenecida".

Me refiero a los Gobiernos de la nación, cuya única preocupación es asegurarse los votos para poder seguir mangoneando y medrando, sin que les preocupe qué jirón de la patria han de arrojar a los perros, para poder seguir sobre el machito.

Me refiero a los Tribunales de Justicia que , en vez de velar por imponer la Justicia, por cerrar las puertas a la destrucción de la Unidad de la Patria y por garantizar el respeto a la vida, la seguridad de los ciudadanos y la eliminación del terrorismo, y se dedican a jugar con "las palabras, los procedimientos y los reglamentos de las leyes" y, como consecuencia e impedir que paguen sus crímenes los terroristas, los asesinos (también de los "no-nacidos), los ladrones de los fondos públicos, los gobernantes corruptos, las mafias, etc. y dejando las manos libres a los destructores de la Patria.

Me refiero al Ejército que, de defensor de la nación, y de la libertad de los españoles ha degenerado en lacayo de la Democracia, sin que le importe un pito la destrucción de España, de sus valores y los de la Hispanidad. Su nueva misión es acatar y servir, a las órdenes del Poder Supremo sin rostro, las conveniencias y los intereses de los eternos enemigos de España. (Algo que el odiado Dictador nunca habría consentido porque era español, tenía dignidad y amaba al pueblo que los demócratas desprecian y envían al matadero cuando les conviene). Y, por supuesto, todo ello, a costa de la sangre y del dinero de los españoles. ¡En eso ha terminado el Ejército vencedor de la Cruzada!

Me estoy refiriendo, igualmente, a la Iglesia que (por escrúpulos inexplicables) no puede defender a España, ni a la Hispanidad pero sí puede ser motor del separatismo y de la disgregación. Les voy a contar algo vivido hace unos días. En una de esa iglesias donde dice misa un cura que cree en Cristo y en el Evangelio (las otras las evito), he visto juntos dos anuncios. Uno, informando del congreso mariano y mariológico de Zaragoza. El primero procedía de la Conferencia Episcopal Española y, fíjense como firmaban el anuncio (no tiene desperdicio):

"La Iglesia Católica en España".

Al leerlo quedé viendo visiones. ¡Con que delicadeza esquivaban, nuestros obispos, el ser tildados de "nacional católicos", evitando, al mismo tiempo, herir los tiernos y delicados sentimientos separatistas de los obispos catalanes y vascos.. Porque, señores, no es la Iglesia Católica Española (la que los españoles que no hemos apostatado sostenemos con la crucecita de la declaración de la renta y con nuestros óbolos) es decir, "la Iglesia Católica de los españoles", no es la "Iglesia Católica española", la que paga el anuncio, ¡no! sino la Iglesia Católica en España. O sea, esa Iglesia que no tiene nada que ver con España, que está aquí a regañadientes, por que no le queda más remedio, que simplemente roza la piel de nuestra Patria, no vaya a ser que resulte infectada y contraiga la peste. El lenguaje vulgar y a veces bestia, en ocasiones vale por un tratado de varios tomos, el vulgo diría aquí que los " señores obispos de la Conferencia Episcopal Española se la cogen con papel de fumar..." para no herir la delicadísima sensibilidad del clero catalán y vasco. Por el contrario, señores, el otro anuncio va firmado también pero "no" por "la Iglesia Católica en Cataluña" sino por la Iglesia catalana.... Y es que el nacionalismo catalán no es inmundo, no contagia, como el catolicismo español, contaminado por su empecinamiento en ser agente del Reinado de Cristo en la Tierra. Corto para no pasarme de rosca. No sea que me vayan a tildar de "ultra", "radical", intolerante, enemigo del diálogo y antiecumenista.

Ninguna Institución, queda claro, defiende a España. Su porvenir y el de la Hispanidad no puede se, por lo tanto, más negro.

Como no hay tiempo para glosar las conclusiones que se desprenden. Me limitaré a enumerar algunas dejando su desarrollo para mejor ocasión.

La primera es que a España y la Hispanidad (como en otras ocasiones: en Covadonga, en la guerra contra el invasor napoleónico, en el Alzamiento Nacional en 1936 contra el marxismo, la masonería, el liberalismo y el sionismo internacional...) sólo las sabrán defender y salvar el pueblo, no sus reyes, ni sus gobernantes, ni sus políticos. Exclusivamente lo hará el pueblo, el pueblo auténtico y llano (español e hispanoamericano)

La segunda es que semejante reacción (es decir "la nueva Reconquista") es más fácil que se produzca ahora del otro lado del Atlántico donde aun hay hispanos que creen en la Hispanidad y donde la putrefacción de los políticos no ha llegado al extremo alcanzado por los peninsulares. Existen aun en Ultramar naciones donde todavía a los medios de comunicación no se han convertido en escuela nauseabunda de la desintegración moral de la nación como en España gracias a Su Majestad, a Suárez y a nuestros políticos democráticos, "católicos y progres". Todavía la gente de Hispanoamérica cree en aquello que el noventa y cinco por ciento de los españoles ya no cree: en Dios, y en la Patria.

Difícilmente podremos reaccionar los españoles pues parece imposible encontrar a los " los trescientos de Gedeón" ese mínimo que Dios exige para hacer el milagro de salvar a un pueblo...

Tan negra es la situación a la que dominio absoluto que el Poder Supremo sin rostro tiene sobre Gobierno, las Instituciones, el Ejército y la Iglesia que, a mi entender (y no soy pesimista nato, pues de lo contrario no estaría intentando llenar España de "peñas" como única solución viable a largo plazo) ya no es posible con la democracia recuperar el alma de España, ni otro Alzamiento de Móstoles ni otro 18 de julio, pues no tenemos ni ejército ni pueblo para intentarlo. Salvo un milagro de Dios. Que tampoco es previsible porque al no creer en Él, nadie lo pide.

conferencia pronunciada en el

CENTRO DE ESTUDIOS SOCIALES "ADES"

el 6 de octubre de 1998

con ocasión de la

INAUGURACIÓN DEL "CURSO DE CONFERENCIAS 1998-1999"por

D. Gil de la Pisa Antolín

Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad

"Santo Tomás de Villanueva" (la "Universidad Católica")

de la Habana.

Medalla de Oro de "Primer Expediente" de la Promoción.

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